MIDAS EN SAINT LAURENT: ANTHONY VACCARELLO BAÑA EN ORO SU COLECCIÓN VERANO 2027
The Walk
Imágenes cortesía de SAINT LAURENT
Hay una cualidad fugaz en la luz que la hace infinitamente atractiva. Anthony Vaccarello comprende bien esta premisa, recordando que aquello que pasa suele dejar una estela mucho más brillante que lo que permanece. Con esa filosofía en mente, el director creativo de Saint Laurent ha decidido iluminar la temporada Verano 2027 recurriendo al único color capaz de materializar esa magia: el oro. El propio Yves sentía una fascinación confesa por este tono, al que consideraba la manifestación del sol cuando se reflejaba sobre una mujer. Hoy, esa fijación histórica toma un rumbo inexplorado. Si en temporadas pasadas Vaccarello demostró el poder de la repetición mediante siluetas infinitamente largas o el uso del color negro, esta vez su recurso narrativo es un pigmento que transforma alquímicamente todo lo que toca.
Lejos de utilizar los destellos dorados como un simple acento decorativo, la colección se sumerge en ellos de pies a cabeza. El resultado es un estudio exhaustivo sobre la luz que transita por todas las épocas posibles. Sobre la pasarela, la mirada tropieza con oros de inspiración bizantina y renacentista, matices pálidos, acabados mate, destellos Art Déco y ejecuciones casi brutalistas. Esta aura magnética envuelve por completo los grandes arquetipos que han definido el guardarropa de la maison a lo largo de las décadas. Vemos desfilar las clásicas saharianas, las faldas cruzadas, las trincheras y las blusas de la era fundacional de Yves, conviviendo con total naturalidad frente a los nuevos clásicos firmados por Vaccarello: abrigos de hombros imponentes, blusones repletos de volumen y trajes de corte preciso rematados con bordes de piel.
La riqueza visual de la propuesta se sostiene gracias a un desarrollo textil que roza los estándares de la alta costura, pero que mantiene los pies firmemente anclados en la realidad de la mujer actual. El oro adopta una nueva personalidad en cada salida a través de tejidos como lamé, organza, encaje de guipur, brocados y algodón metalizado, alcanzando su punto más audaz en seductoras piezas de látex recubiertas con pan de oro. Este festín táctil se extiende directamente hacia los accesorios, inyectando una dosis de opulencia maximalista mediante pendientes monumentales de filigrana joya. A ras de suelo, el peligro seductor tan característico de Saint Laurent se manifiesta en zapatos construidos con cadenas metálicas, sostenidos por inquietantes tacones retorcidos en forma de serpiente.
Justo cuando el espectador asume que el resplandor dorado será inagotable, el diseñador da un giro maestro hacia la oscuridad. La pasarela culmina cediendo el paso al negro absoluto, un color que absorbe la energía del entorno con la misma fuerza con la que el oro la proyecta. Un inconfundible traje de terciopelo con botones joya rinde un último tributo al legado tradicional de YSL, mientras que un trío de vestidos de noche, oscuros como nubes de tormenta y construidos con una libertad casi impulsiva, revelan las profundas raíces belgas de Vaccarello. Al cerrar el telón, la colección nos recuerda que la moda más brillante es aquella que sabe exactamente cuándo apagar la luz para dejar una impresión imborrable.